LA NAVIDAD ESTABA
EN EL AIRE
“Navidad, Navidad, mañana será Navidad, esta noche es la
Noche buena, mañana será la Navidad”.
La cantaba cuando era niño, y ahora la escucho lejana, como
si viniese desde mi infancia, pero no, no sé de dónde viene, simplemente me
llega, y por suerte puedo oírla.
Tal vez de una radio lejana, o alguien que la entona, vaya
uno a saber. ¿Pero qué importancia tiene saberlo?, flota en el aire y llega
hasta mis oídos, y eso es lo que importa. ¡Y me trae tantos recuerdos! Recuerdos
de mi infancia, de las Navidades de mi infancia. Había coros en la calle que
cantaban villancicos, y la Navidad estaba en el aire, y lo envolvía todo. Las
reuniones familiares en la casa de mis abuelos maternos, con mis tíos y mis
primos. Eran momentos alegres, sin estridencias, serenos, llenos de goce,
placenteros, momentos de paz. ¡Y el brindis a las 12!, y los besos y los
abrazos y los buenos deseos. Y la sorpresa de los regalos. Cuántas emociones!
“Noche de paz, noche de amor…”. Nací un 26 de diciembre;
¿habré escuchado esa canción por primera vez en el vientre de mi madre?; ¿será
por eso que me trae tantos recuerdos y me emociona tanto cada vez que la oigo?
He vivido muchas Navidades ya. La primera Navidad triste,
sin mi abuelo. La primera Navidad en la casa de mi novia, escapándonos después
de las 12, para celebrar con nuestros amigos. Las Navidades en el exilio, en
los años duros. Las Navidades con mis hijos y mis nietos, pero sin Magda.
¿Cuántas más viviré?; ¿o será ésta la última?
¡Feliz Navidad!, dice la enfermera, y apaga la luz del cuarto.
Quisiera responderle, pero no puedo, mi situación me impide hacerlo.
Desde mi cama distingo el titilar de las luces del arbolito.
Cierro los ojos.
“…esta noche es la Noche buena, mañana será la Navidad”.